Desde que los griegos en Atenas, quinientos años antes de Cristo, impusieron el primer gobierno democrático, a este, por así decirlo, se le agregó la política, un sistema va de la mano con la otra, tienen casi el mismo origen. Quizá la política, como filosofía de organización social date de mucho tiempo atrás (siglos).
La democracia, según la definición de los libros de texto es “el sistema de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” Parece perfecto aunque según Sr. Winston Churchill es “el menos malo de los sistemas de gobierno” y puede que tenga razón.
La política, del griego “ciudadano”, esta aplicada al la organización social.
De esta manera, el sistema de gobierno democrático esta basado en la política. Conforme evolucionó la humanidad en el tiempo, a través de los siglos, la mayoría de los países del mundo han adoptado el sistema de gobierno democrático para su organización civil, y pese a lo sentenciado por Churchill, se ha ido perfeccionando. Lo mismo ocurre con la política, aunque, en mi manera de pensar, algo distorsionada por sus actores, los políticos.
En el sistema democrático, el pueblo no gobierna sino a través de sus representantes – elegidos libremente por el pueblo- y los representantes surgen de las distintas agrupaciones políticas organizadas en partidos. En los países donde los índices de corrupción son elevados –Argentina esta en los niveles medio superior- , la clase político-dirigente deforma la función que debería ocupar la política en los sistemas de gobierno, de manera tal que la población la ve como un mal necesario, porque aún así, continua cumpliendo con los deberes cívicos, en la esperanza que tal vez surja alguien honesto que cumpla con las funciones que sus representados le encomendaron.
Las funciones políticas deben ser para solucionar los problemas de la población, y no los problemas personales de los funcionarios políticos. Cuando los funcionarios políticos conocen “las mieles” del poder, ya es difícil que se quieran alejar de esos lugares, y es así que los vemos ocupar hoy un cargo y querer clavarse en los sillones de manera que quien hoy ocupa un cargo, en el siguiente periodo se postula en otro, y así sucesivamente van rotando hasta que la ciudadanía a través del voto les dice basta, pero siempre encuentran un espacio donde de una manera u otra permanecen. Y también llevan a la función pública a familiares, constituyendo un vicio llamado “nepotismo”.
Ellos se creen casi omnipotentes y jefes supremos, yo considero que son empleados máximos de cada ciudadano, y cada ciudadano es su jefe ya que es el conjunto de la ciudadanía la que les paga los sueldos-que no son bajos-, y sino veamos como vive la mayoría del pueblo a diferencia del estándar de vida que tienen sus representantes- pero la mayoría de los funcionarios políticos no lo entiende así (o no lo quieren entender).
Es factible ver como en épocas en que se aproximan las renovaciones de autoridades gubernamentales (presidente, gobernadores, senadores, diputados, etc.) los pre-candidatos convierten la política en politiquería. La politiquería consiste en basar su campaña en el desprestigio del adversario, rayando casi con lo insultante y hablándole a la gente de lo peor de su adversario, con unos términos que la mayoría de la gente no entiende.
Entre sus aliados de agrupación se forma un “aparato” (el ejemplo mas claro es el del “aparato” sindical en Argentina), donde no se puede ingresar de manera fácil. Hay que dominar determinados códigos, y si alguno quiere ingresar y no lo dejan, se aleja y forma una nueva agrupación (un nuevo “aparato”).
También es común ver las alianzas que se realizan, siempre con el fin de satisfacer intereses recíprocos, teniendo como única finalidad llegar al poder.
En toda esta politiquería, el pueblo mira desde afuera y en forma pasiva. Se dice que el que gana gobierna y el que pierde ayuda. A mi entender, esto es así: ganará aquel candidato que presente un proyecto que la mayoría del pueblo elija, el que pierde deberá ayudar a que ese proyecto se concrete porque es lo que la mayoría del pueblo decidió a través del voto.
En Argentina (y algunos países de Latinoamérica) esto no es así. El que pierde continua desprestigiando, entorpeciendo y obstaculizando a quien ganó, y tratando que su proyecto de gobierno no se logre, olvidando aquella máxima que dice:”Esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”
Pese a todo soy optimista, porque a través de casi tres décadas de ejercicio democrático, el pueblo ha madurado, y ya no vota divisas sino personas, no vota ilusiones sino proyectos, no vota quimeras sino esperanzas.
José Vernazza para Nogoyá 451º
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