Hablar de libertad de expresión o libertad de prensa no es fácil, nunca lo fue. Ni aun en tiempos pasados.
La libertad de expresión y su consecuente, la libertad de prensa – o viceversa - esta contemplada dentro de los derechos humanos y garantizada por la Declaración de Los Derechos Humanos (Art. 19) y por las Constituciones de todos los países democráticos del mundo, pero aún así, muchos han dejado la vida por haber expresado sus ideas, muchos fueron víctimas de persecuciones y torturas, tan solo por expresar en la prensa sus ideas y opiniones al respecto.
Esta sobreentendido que los perseguidores son quienes detentan el poder de turno y se sienten afectados por aquellas opiniones.
Pero ya en la época de la revolución de Mayo, Mariano Moreno – de dudosa muerte en alta mar- tuvo que soportar severos cuestionamientos por expresar sus ideales. No se olviden de Cabezas, era nada más que un reportero gráfico, y sacó algunas fotos que, según alguien, no debía.
Durante la presidencia de Perón en el ’50 el diario opositor “La Prensa” vio reducida sus ediciones a pocas páginas.
El actual gobierno, que uno de sus pilares es la confrontación, ha instalado un enfrentamiento con las corporaciones mediáticas.
En los tiempos que corren hay una enorme variedad de medios de todo tipo. Uno de los fundamentos del periodismo es la objetividad. Pero en la práctica todo periodista es subjetivo.
El consumidor tiene la libertad de consumir lo que cree, esto es afín a su manera de pensar, pero no debemos olvidar lo tendencioso que son al dar una noticia aquellos periodistas que responden a determinada línea.
No es tan importante lo que se dice, sino como se dice, Pero es mucho más tendencioso lo que se calla, aquello que no se dice, la parte de la verdad que se esconde, una verdad a medias, una verdad incompleta. Recordemos aquí como se manipuló la información durante la guerra por nuestras Islas Malvinas. Éramos vencedores y ganábamos en todos los frentes, hasta un día antes de la finalización del conflicto .
La función del periodista no es sólo informar sino formar opinión, y ese es el nudo de la cuestión. Si la línea de pensamiento es concordante con el poder político, esta todo bien. En caso contrario, habrá una persecución, que en algunos casos será implacable.
Precisamente por la influencia de opinión y formación de opinión, la prensa, en todas sus modalidades ha dejado de ser el cuarto poder para transformarse en el primer poder, tanto que aquello que sentenciaba el querido y recordado “Minguito Tinguitela” de “el periodista te puede levantar un monolito como te puede hacer una lápida”, es cierto.
En nuestro medio, felizmente, se respeta el derecho a expresar las ideas por la prensa, sin censura previa, aun por personas que no tienen una formación escolástica de periodista, de manera que cualquier ciudadano se expresa a través de la prensa oral, escrita y televisiva, de no ser así, Ud. No estaría leyendo este escrito.
José Vernazza
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