Spinetta y sus bandas eternas: Otro plano de conciencia diferente
El 28 de junio de 1966, el presidente constitucional Arturo Illia fue derrocado y asumió el general que tenía en mente gobernar “La Revolución Argentina” durante un tiempo que consideraba prudencial: 40 años. Un mes después del golpe, “la noche de los Bastones Largos” golpeó las universidades, destruyó bibliotecas y laboratorios e intentó silenciar y comprimir.
La labor creativa e intelectual de los jóvenes parecía apretada en una morsa (así llamaban al dictador, por sus bigotes como cepillo) y la presión amenazaba con convertir cada neurona en almidón, ya que un aro en la oreja de un varón podía llevarlo a la cárcel.
“No permitiremos que acosen a nuestra juventud extremismos de ninguna naturaleza”, grito Onganía en un discurso, y no se refería solo al comunismo. El rock era un riesgo impensado.
Fue entonces cuando Luís Alberto Spinetta y sus compañeros de colegio armaron ALMENDRA.
Se hablaba de otros planos de conciencia, de leer a Jean-Paúl Sartre, a Ray Bradbury, a Julio Cortazar, y a Pablo Neruda. Editar periódicos en la escuela, manuscritos (también en colores) o componer con alguna vieja guitarra española. Toda vía de expresión era imprescindible, hasta desesperada.
Los músicos conversaban durante horas y días enteros acerca de libros, política, teorías estéticas y sentimientos. Escuchar música también era imprescindible.
Y, a falta de rock nacional, ayudaron a inventarlo.
Tres generaciones después…
Buenos Aires, 4 de diciembre de 2009, estadio de Vélez en Liniers.
De repente una voz irrumpe la atención de 45.000 personas. Es conocida, muy conocida para la percepción de todas esas almas ahí presentes. “Buenas noches, estoy muy emocionado” dijo la voz sesentosa, en el marco de un silencio perfecto que la acompañó durante todo el tiempo que cantó esa noche.
Era la voz del anfitrión de esa fiesta inolvidable. Del místico cantautor y poeta legendario del rock nacional, “flaco Spinetta”. Lo que vino después fue apoteótico.
Presentados por el exultante caballero delgado, (al parecer inmerso en formol por varios años) con los mayores respetos lisonjeros posibles, comenzó a desfilar por el escenario lo mas granado del mejor rock nacional de todos los tiempos y de la actualidad.
Estos cantaron y ofrecieron todo su talento musical junto al caballero delgado que hacía ya 2 horas estaba generando el marco escénico perfectamente adecuado para sus casi 50 invitados de lujo.
Hasta que comenzó el torrente de nostalgia músico intelectual con los no muy lejanos Socios del desierto y Jade, exaltando las emociones con delicias como “Maribel se durmió”, “San Cristoforo” y “Alma de diamante”.
Continuó la calidad musical y la exquisitez interpretativa de Invisible, consternándolo todo con la poesía de “Durazno Sangrando” y “Jugo de Lúcuma”, hasta llegar a Pescado Rabioso y Almendra.
Y aquí se hace necesario detenerse para tratar de imaginar en tiempo real la emoción que comenzó a embargar a todos los presentes cuando la estridente banda, con todos sus integrantes (David Lebon, Black Amaya, el místico “bocón” Frascino y Carlos Cutaia) encendieron el fuego rockandrolero abrasador y delirante, con esa polenta Hendrixiana que caracterizó a esta formación en otros tiempos.
Fueron increíbles las sensaciones que desataron “Me gusta ese tajo”, “Post Crucifixión”, y “Despiértate nena”.
Pero el final se acercaba con el principio del fin. Porque se venía Almendra.
Subieron al escenario Edelmiro Molinari, Rodolfo García y Emilio Del Guercio, y otra vez la mística músico-intelectual volvió a invadir el estadio.
El caballero delgado, que continuaba hacia ya 4 horas y media cantando, tocando la guitarra y oficiando de showman, comenzó a tararear “Fermín”, y varias lagrimas nostalgiosas como la del payaso de su primer disco, comenzaron a caer.
Talvez por ideales y una juventud perdida, o tal vez porque esa canción, las que vinieron y todas las que antes se habían escuchado, hacían comprender que, como ya no hay intransigencia dogmática en los partidos políticos para rechazar los abusos y la injusticia, ya no habría mas musas para que las inspiren.
EL PUNCH-Un informe cultural
Editor Responsable: Luís Emilio López
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